En una plaza tan extensa como un jardín que nada pisa, en Guernica, un hombre alto por su galera y angosto por su traje, respiraba poco por el moño en la garganta y con la mirada en el suelo se movía corriendo rosas con los pies, yendo de derecha a izquierda con ligeros sacudones de cabeza, moviendo piedras y revolviendo el pasto con la punta de sus zapatos. Murmuraba algo en su boca, pero ni llegaba a un suspiro; improperios parecían ser. Horas las que llevaba ahí y no dejaba de insistir, había perdido algo tipo a las tres , y ahora que el sol se hundía en el extremo oeste de la plaza, no se daba por vencido.
Una mujer se cruzó de vereda y pasó por ahí, queriendo, en realidad, ir más allá, pero se detuvo al verlo, creando un obstáculo para su apuro que ya olvidaba al preguntarle "¿Ha perdido algo, Boseñudo?". Él la escuchó, pero no la miró, y de ese murmullo de insultos, luego de entrecortarse un destino poco agradable que quedaba en el cuerpo de una madre, respondió:
- Sí, gracias por preguntar. Un llavero a las tres y media se me cayó y no lo puedo encontrar.
Buscándole la cara oculta porque no se le veía, la mujer insistió en su indirecta:
- ¿Quiere ayuda, despistado Boseñudo?
La calificación hacia su persona al Boseñudo demasiado no le simpatizó, y aceptando el golpe bajo logró articular un par de palabras más:
- No, Madamma no quiero interrumpirla. Usted apurada iba hacia un lugar distante y urgente. No vi su paso pero la respiración suya que flota en el aire llega a mi oídos y me advierte la velocidad de sus movimientos.
-No, voy acá a la esquina- Respondió la Madamma y hacia el lugar señaló.
-Discúlpeme, usted el brazo agitó indicándome su meta en la distancia y no logré ver. Perdone-después de un suspiro, el Boseñudo prosiguió-. Y dónde mierda estarán éstas llaves...
Se le cayó la galera y su pelo la Madamma vió.
- Lo estás haciendo apropósito, ¿no?
- ¿Disculpe? ¿Está usted hablando de mí? No.
- No te hagás el idiota, esos cabellos crispados y anaranjados, con ellos en el anfiteatro dejaste a todos asombrados. Y ahora usás moño, como si con éso taparas tu garganta cortada en buena Ley por decir guarangadas a madammas viejas y enfadadas.
El Boseñudo nunca levantó la vista...
- Quizá estén junto a las orquídeas...
- No me des la espalda, y detén tu paso. ¿Piensas, acaso, que con todo ésto mi emoción no ha sufrido un colapso? Tantos años nos separan, tantas cosas dadas por tí, que me hiciste creer a mí, y luego quedaron destrozadas en pedazos de a mil.
- Más allá, cerca de la hamaca...
- ¡Te dije que pararas, cortala!
- Disculpeme, Madamma, si cree colaborar estando así enojada, vayase a la re concha de su hermana.
Se le había pegado la rima, pero sus ojos seguán fijos en el suelo y la Madamma recordaba y recordaba sin consuelo...
-¡ Tuviste que haberle hablando a ella en la fiesta aquella de no sé bien dónde! ¡Tan maldita la miserable que te miraba de reojo y vos blandeabas el sable de los lujos de tu persona! ¡ Y ni sé salvó la anfitriona, esposa del Conde, que vomitaba encima de la pastafrola y vos te escondías y reías, enamorándome yo de tu ridiculez de hombre!
- No sé de qué habla, desquiciada. He perdido los modales a causa de su insistencia, no me soportó más la paciencia y reventé en dos insultos. No me tiente a un tercero, me hará perder ser el Boseñudo primero y eso para ningún Boseñudo corriente tiene consuelo. Ahora déjeme tranquilo con éste suelo, a ver si esas putas llaves encuentro...
- ¡ Y son tres las que ya dijiste! Alpiste, perdiste, ¡Infeliz anaranjado, estúpido, gil!
Asombrado de su equivocación, el Boseñudo que ahora no es más primero, no cayó en la trampa y para abajo siguió viendo. Era un simple señuelo, y él en eso no iba a caer. No era ningún boludo.
- No me fijé en las otras plantas, la concha del pato...
- ¿ Sabés quién soy al menos, imbécil? ¿No te acordás haberme llevado al lugar equivocado tomándonos cualquier colectivo que me hiciste pagar a mí con la plata de un amigo?
- No me acuerdo jamás haber vivido contigo y si tuviste amigos me los he olvidado. Andate para otro lado y dejame tranquilo, ya todo lo he perdido y es tu culpa, salvo las llaves, no he terminado mi búsqueda.
-Ojalá que te mueras y te quedes fuera de lo que esas llaves llevan adentro, mueras de frío, de congelamiento, y te atormente este tormento de verme la cara...
Se cortó todo, en la oscuridad creciente no se veía un pomo y ella equivocada dijo cualquier verdura. Hace tiempo que charlaban y discutían al cambiarse el tono, pasaban así los minutos y ya en la hora no se distinguía absolutamente más que nada, ni las siluetas. Pero algo allí brillaba, y no eran las luces de la plaza que se olvidaban, era la llave perdida, y el Boseñudo en su asombro no salía, levantó la galera y corriendo salió con la mirada fija en lo que encontró. La tomó entre sus manos, era gigante y de acero cromado. Con la vista al fin alzada y la galera de nuevo ajustada pudo ver a la madamma que enojada allá lo esperaba. Notó que tenía unos piercings re feos y que tanto maquillaje la asemejaban a un arbolito de navidad con muchas bolas y pocas luces. Sabía que no tenía escapatoria y que debía enfrentarla cuanto antes y no perder ningún instante para que no se vaya todo más al demonio. Ajustándose entonces el moño que su cicatriz tapaba, sin mirar tiró las llaves a la mierda, fijó la mirada en el suelo y corriendo empezó de nuevo a buscarla.
- ¡Boseñudo hijo de puta!- Se oyó, y este cuento por acá se terminó.
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