miércoles, 22 de febrero de 2017

Declaración de principios

- A mi lo que me alegra siempre es escuchar a Spinetta.
- Me pare bien. De algo hay que morirse, ¿no?
- Qué decís, boludo, jajaja. Aguante el Flaco.
- A mí no me gusta.
- Está bien, no tiene por qué gustarte. Nadie te amenaza.
- Pero hay presión social.
- ¿Presión social?
- O cultural. Son contadas las personas que no le tienen afecto y esas cosas.
- ¿Otra vez estás sacando conclusiones desde el Inicio de tu facebook?
- NO.
- No me mientas, chabón, que se te ve en la cara.
- Te digo que es la presión social. A todo el mundo les toca el corazón o los emociona. Yo no sé si en vez de alma tengo un cacho de cascote, pero siempre que escucho "El capitán beto", me imagino a un pibe con síndrome de down jugando en el patio de su casa a que es un astronauta del barrio.
- Así no se llama el tema.
- ¿Ves? No tengo ni puta idea de los temas, y ahí pululan las multitudes de "Cantata de los puentes amarillos", las zapadas que siempre terminan en ese tema que hizo con Charly, por el amor de Dios... Me siento un monstruo.
- Te estás maquinando de nuevo, flaco. Y siempre venís acá a escupir la bilis. Dejame en paz.
- Es que no puedo. Todas las chicas que me gustan son fans de Spinetta. Debo tener algo parecido a eso del síndrome de Estocolmo.
- ¿Ese qué tema del flaco es?
- ¿Sos pelotuda?
- Ah, bueno... ¿y vos tarado?
- Más bien, discapacitado emocional... ¿no había un chabón que robaba con eso, de los discapacitados emocionales? Zabo, Nabo... algo así.
- Si, sos un tarado.
- Y vos sos una chica que me gusta, pero ya te rebelé el flanco débil: no me conmueve el flaco, y tengo tendencia a no darme cuenta que respondo como el orto después de tres frases consecutivas.
- ¿Y a mí que me importa?
- Perdoname. No era mi intención que te enojaras conmigo. De hecho, quería enamorarte o algo así. Pensé que con la sinceridad iba a llegar más lejos.
-...
- ¿Por qué mirás para otro lado?
- Porque ya no quiero hablarte. Me voy.
- Dale, no seas tan dramática. Al menos me gusta Charly, esa canción que dice "no llores por mí... AR-GEN-TINA", me re ceba, me la sé de memoria.
- ¿Y la sabés tocar?
- Otro flanco débil.

Yo también me aburro

- Hay que tener en cuenta qué tanto puede esto afectar a futuro- dijo el fiscal-. Así que Futuro, responda.
El futuro no responde, porque todavía no llegó.
- ¡Diantres!- dice el fiscal- ¡qué giro poético!
El defensor del futuro no se preocupa, porque tiene esperanzas en su cliente.
El juez cree estar perdiendo el tiempo en la Corte. Por lo bajo, susurra: "¡Malditos juegos de palabras!" mientras busca su reloj para corroborar la demora del acusado.
Se acusa al futuro de haber malversado los fondos del presente, el cual sí está en la sala, gritando en voz alta:
- ¡Ahora mis casas sólo tienen frente, y los pozos ciegos se desbordan con la primer descarga! ¡En Glew no hay cloacas, señores! ¡No hay cloacas!
El defensor del futuro sostiene que esos argumentos son una mierda, que no puede creerse que en pleno siglo veintiuno la caca de la gente siga acumulándose en un hueco profundo de los terreros. Eso corresponde al pasado, pero aquel concepto nada tiene que ver con este juicio. Por algo dicen que es malo vivir todo el tiempo con los ojos ven...dados.
- ¡Ludópata!- le grita el fiscal a la silla que debería ocupar el futuro- ¡Usted juega con nuestras ilusiones, y así no hay porvenir que se aguante!
El abogado de la defensea agradece al fiscal por haber dicho que el Futuro se encuentra próximo a llegar, y que si bien no es ilusionista, el futuro no por eso deja de ser mágico.
El juez, ya cansado de la situación, vocifera:
- ¡Esto se terminó!
Y tiene razón.