martes, 14 de agosto de 2012

El otro día fui a un quince


Esta clase de cuentos se escriben cuando no tenés un puto punto fijo para donde disparar ,y la pistola, al igual que la pija cuando vas a mear, chorrea para todos lados mojando, y haciendo mucho ruido adrede, la tabla del inodoro, cosa que después ni 27 sacudidas continuas te pueden dejar el prepucio seco.

"Lo dijo Aristóteles, lo confirmó Nerón, la última gota siempre queda en el pantalón."



Guarda que empieza:



-         No me gusta el fútbol.

Se paró la que estaba enfrente y llegó otra. Sentada, le dijo:

-         Adoro a Kurt Cobain
Sentado frente a ella, Rodrigo Asterisco respondió:

-         ¿Grunge?
-         Sí, aguante- Tenía ella cierto cabello desarreglado.
-         Son todos putos.

Lo mismo que antes, pero ésta vez se pararon con cara de te odio.

En otra mesa más allá pasaba ahora la tercera, y un poco cerca de la puerta estaba la que había sido la primera, que miraba todavía con esos ojos grandes a Rodrigo Asterisco, que se hacía el gil jugando con las servilletas que no servían para nada, ni café.

Una más:

-         Te detesto, Rodrigo Asterisco.
-         ¿Razón?
-         Colectivo, siete y media, Guttero y Cané.
-         Ándate al carajo.
-         Un peso cincuenta, no me dejaste pasar.
-         ¿Te gusto?
-         No. Cabello peinado, cabezón, labios grandes y el de abajo está partido y cicatrizado. Nadie puede gustar de vos.
-         Mesa cerca de la puerta, número uno.

La de ahora era no más que alta y morocha, mirando hacia la puerta se podía espiar que detrás de la oreja  que el pelo mal anaranjado  le tapaba el lunar. Miró a la que había sido a la primera y sintió asco, qué aretes feos. No se detuvo en sus grandes ojos y volvió a su tema: Rodrigo Asterisco.

-         Así que hay una desgraciada. Mis condolencias.
-         No me simpatiza.
-         ¿Por qué?
-         Tarada, sonrisa, y no me deja de mirar con cara de tengo muchas ganas de hablarte.
-         ¿Y no tuviste otra suerte?
-         Qué carajo te importa.
-         Chau.

Se paró como las demás y pasó a la mesa detrás de la espalda de Rodrigo Asterisco, donde se encontraba Agustín Rosamonte. Rodrigo Asterisco pensaba en yerba mate.

No llegaba la que tenía turno y le tocaba esta vez intentar ser el primer amor de Rodrigo Asterisco. Se ve que el de adelante fue más interesante que él, o le hizo olvidar a la que tenía que venir su existencia, igual no se lo veía, los asientos eran muy grandes y su metro noventa se estiraba bajo la mesita y delataba, si es que se daban cuenta de sus pies 44, su gran estatura y mala postura.

Venían con paso sincronizado, hombro a hombro, talón, punta a talón, punta. Coordinaban en todo menos en la respiración; la nariz de una de ellas debía sacar más provecho del ambiente, aunque su torso delataba unos pulmones estrechos. La de la izquierda era más baja que las que tenía al lado; la del medio tenía cara de yo mando; y la de la derecha era más interesante porque tenía cara de ser más interesante para Rodrigo Asterisco, y si Rodrigo Asterisco creyó en eso, yo no puedo decir otra cosa. Ellas habían visto que la mesa de adelante se había quedado vacía de personas pero llenas de un amor, y como la del medio era curiosa y las otras dos la seguían, se adentraron más allá y encontraron al protagonista de esto, boludeando con una servilleta.

-Hola, Señor Rodrigo- Dijo la del medio que era rubia y amenazaba en su pronunciación cierto ceceo y ganas de romperle las pelotas.
-¿Hablan?- Fue lo único que se le ocurrió a Rodrigo Asterisco.
-Sí- Respondieron las tres al unísono y continúo la del medio:- Yo no las dejo tanto.
-¿Cuál es tu nombre, chica sonriente de mechón rosado?

La de la izquierda supo que no era ella, se soltó del brazo y salió corriendo- corriendo, llorando- llorando, puteando y puteando. La del medio se sorprendió y con su sorpresa a la otra persiguió. Antes de que se cumpliera una cadena que no quería, Rodrigo Asterisco agarró por la muñeca de su mano derecha a la chica a la que le había preguntado el nombre y la sentó, pidiéndole permiso. Ella dijo:

-         Mariana Milagros Molinos.
-         ¿Grunge?
-         Chili Peppers
-         ¿En serio sonreís así?
-         Sí-  y se sonrió- ¿vos?
-         No me gusta el fútbol.
-         Veo que te miran con deseo desde allá lejos. ¿Me va a pasar lo mismo?
-         Sólo si querés.
Se sonrió y lo miró. Rodrigo Asterisco notó presencia lejana cerca de la puerta y le chupó un huevo. Agustín Rosamonte se asomó por atrás, seco de parejas y gritó:

-         ¡Largá la mina, loco! Ya pasaron dos minutos, ¿Estás en tiempo récord, pajero?

La mirada torpe de Mariana Milagros Molinos no lo acompañó en su búsqueda de risa o respuesta. Le estampó un librazo en la jeta a Agustín Yerbamate y dijo:

-         Sos vos, venís conmigo.
-         Disculpame, a mi me gustan los boludos, como a todas las que te gustan a vos. No puedo ser la excepción a la regla, entendelo.

Sólo con la verdad estampada en la cara y moliéndole el corazón, se quedó abrazado junto a Agustín Rosamonte, llorando ambos porque eso era verdad. Sabiendo todavía que volverían al día siguiente a ese bar de amores a primera vista para fallar de nuevo, ignorando por completo que ellos dos eran amor, y que los demás escuchaban Grunge y eran todos putos. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario