Ya por acá como que empezó todo a irse para abajo. Cualquier cosa relacionada a CATARSIS dejaba de tener ese aire de cualquier cosa para venir a transformarse en una idea pensada varias veces. Fue entonces cuando perdió una pierna, y de yapa, se quedó sin un testículo. Sin ese testículo que está más abajo del otro pero apenas se nota, sin ese que alguna vez, por estupidez, se apretó hasta sentir, el que recibió primero la patada, el que en pelos parecía ser más lacio. El testículo malévolo que todos quieren, sobretodo su dueño. Ese huevo que te pone feliz, porque te llena de testosterona y la hipófisis administra como loca. Una lobotomia y castración de CATARSIS, que continuó hasta cagar mi mal intento de formato. La concha de la lora.

No hay comentarios:
Publicar un comentario