lunes, 8 de julio de 2013

De cómo son las cosas

Se olvidó de grabar el disco con la película para repartir en el curso. Así que todos lo miraron feo, y sus compañeros más cercanos lo putearon amistosamente. Él se reía, otra no le quedaba. La profesora que se lo había pedido también le dedicó un escrutinio reprobatorio. Tenían que ver “La Ola”, una película alemana que trata sobre el desmadre que puede generar un grupo de estudiantes aburridos influenciados por la explicación práctica de la autocracia, de las mentiras absolutas que prometen pertenencia, y de cómo por sí solo ese movimiento se desmiente, se derrumba.

Quiso calmar las aguas contándoles a todos la trama, y los detalles de la misma, como qué tan pelado era el profesor y cuántos alumnos con camisa blanca aparecían en la última escena, en la reunión final. Pero se había olvidado del nombre de uno de los personajes. En el intento de recuperar esta información, su cerebro empezó a estropear todas las demás certezas de la memoria. Ya no sabía cuál de todas las llaves de su llavero era la que tenía que meter en la cerradura de la puerta de adelante, ya no sabía el saldo mínimo del pasaje de colectivo, ya no sabía quién era su madre, y por poco se olvidaba de qué carajo hacía en ese lugar lleno de bancos ocupados por personas que no querían saber lo que trataba de rescatar de su laguna mental.


Un compañero, harto de verlo con la mirada perdida en el piso de parquet, le pegó un golpe seco en la nuca, que lo dejó nocaut, con la cabeza apoyada en la mesa y los brazos desparramados, pegados a sus orejas. Entonces recordó todo: en la inconciencia supo que tenía la película en el pendrive, y que probó en la netbook de un amigo a ver si funcionaba, y que este amigo estaba en otro curso, y que este otro curso ya se había retirado, y que el amigo no le había devuelto el pendrive. Se despertó con un nuevo chichón, perdido en la misma situación que prometía más golpes. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario