- Hay que tener en cuenta qué tanto puede esto afectar a futuro- dijo el fiscal-. Así que Futuro, responda.
El futuro no responde, porque todavía no llegó.
- ¡Diantres!- dice el fiscal- ¡qué giro poético!
El defensor del futuro no se preocupa, porque tiene esperanzas en su cliente.
El juez cree estar perdiendo el tiempo en la Corte. Por lo bajo, susurra: "¡Malditos juegos de palabras!" mientras busca su reloj para corroborar la demora del acusado.
Se acusa al futuro de haber malversado los fondos del presente, el cual sí está en la sala, gritando en voz alta:
- ¡Ahora mis casas sólo tienen frente, y los pozos ciegos se desbordan con la primer descarga! ¡En Glew no hay cloacas, señores! ¡No hay cloacas!
El defensor del futuro sostiene que esos argumentos son una mierda, que no puede creerse que en pleno siglo veintiuno la caca de la gente siga acumulándose en un hueco profundo de los terreros. Eso corresponde al pasado, pero aquel concepto nada tiene que ver con este juicio. Por algo dicen que es malo vivir todo el tiempo con los ojos ven...dados.
- ¡Ludópata!- le grita el fiscal a la silla que debería ocupar el futuro- ¡Usted juega con nuestras ilusiones, y así no hay porvenir que se aguante!
El abogado de la defensea agradece al fiscal por haber dicho que el Futuro se encuentra próximo a llegar, y que si bien no es ilusionista, el futuro no por eso deja de ser mágico.
El juez, ya cansado de la situación, vocifera:
- ¡Esto se terminó!
Y tiene razón.
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